miércoles, 2 de febrero de 2011

Microrrelatos, macroescritura...






"Los microrrelatos tienden a desaparecer si se los mira de frente: son demasiado tímidos y traslúcidos. Para escribirlos basta tomar un poquito de caos y transformarlo en un miniuniverso. Como las pirañas, son pequeños y feroces. Aconsejo descartarlos si no muerden"

Ana María Shua

Teóloga

En el siglo Vll después de Cristo, un grupo de teólogos bávaros discute sobre el sexo de los ángeles. Obviamente, no se admite que las mujeres (por entonces ni siquiera era seguro que tuvieran alma) sean capaces de discutir materias teologales. Sin embargo uno de ellos es una mujer hábilmente disfrazada. Afirma con mucha energía que los ángeles sólo pueden pertenecer al sexo masculino. Sabe, pero no lo dice, que entre ellos habrá mujeres disfrazadas.

"Casa de Geishas", de Ana María Shua.

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http://www.educared.org.ar/imaginaria/biblioteca-


BOTÁNICA DEL CAOS
10 microrrelatos
*    *    *           
Alí Babá

Qué absurda, qué incomprensible me parecía de chica la confusión del 
hermano de Alí Babá: casi un error técnico, una manifiesta falta de verosimilitud. Encerrado en la cueva de los cuarenta ladrones, ¿cómo era posible que 
no lograra recordar la fórmula mágica, el simple ábrete-sésamo que le hubiera 
servido para abrir la puerta, para salvar su vida? 
Y aquí estoy, tantos años después, en peligro yo misma, tipeando desesperadamente en el tablero de mi computadora, sin recordar la exacta combinación de letras que podría darme acceso a la salvación: ábrete cardamomo, 
ábrete centeno, ábrete maldita semilla de ajonjolí.
*     *     *
El coleccionista ambicioso


Un hombre ambicioso se propone coleccionarlo todo. Reúne en su casa, 
convertida en sala de exposiciones, una colección de semillas, otra de objetos 
encontrados en la calle, otra de agua de la canilla (brotada de diversas canillas, a 
diversas horas del día). Colecciona pulóveres, pensamientos célebres y banales, 
boletos de colectivo, hojas de diarios elegidas rigurosamente al azar. Colecciona 
agujeros, panes, envases de desodorantes vacíos. Cada año se ve obligado a 
mudarse a una casa más grande y luego cada seis meses. Finalmente comprende 
que sólo renunciando a toda clasificación podrá obtener la colección más completa, la colección de colecciones. La exhibe en el mundo entero.
*     *     *
Aptitud y vocación
Sufrimos también aquellos que por falta de vocación contrariamos una 
aptitud natural. Los dedos de mis pies, por ejemplo, tienen el mal hábito del 
geotropismo, y persisten en crecer hacia abajo, adelgazados sus extremos, hundiéndose en la tierra al menor descuido. El peligro de echar raíces me obliga 
a permanecer siempre en movimiento, a preferir las caminatas o las carreras 
sobre el asfalto, a evitar por sobre todas las cosas pisar la tierra húmeda, a 
dormir boca arriba no más de un par de horas seguidas, aún a riesgo de que 
tanto ajetreo me haga caer las hojas antes de tiempo y malogre mis frutos, ya 
de por sí escasos y esmirriados. 
*     *     *
El iluso y los incrédulos
Hace calor. En el bar un grupo de hombres miran sin mirar los polvorientos rayos de luz que se filtran a través de la persiana. 
— Puedo caminar por esos rayos —dice el iluso.
Los hombres se ríen y hacen apuestas. El iluso trepa de un salto a uno 
de los rayos de luz, intenta dar un paso tambaleante y cae. Los incrédulos 
cobran sus apuestas.
*     *     *
La flor azteca I
Cuando era chica, mi madre conoció a la Flor Azteca, una cabeza de 
mujer cuyo cuello muy fino cimbreaba en un jarrón. Hacía muecas, guiñaba 
los ojos, contestaba preguntas y no se consideraba un espectáculo para niños. 
Sin embargo mi madre no lloró hasta que le explicaron que sólo se trataba 
de un juego de espejos. Decepcionada pero incrédula, alcanzó a esconderse 
detrás de unas maderas pintadas.
A la madrugada, cuando todos los espectadores se habían ido, salió 
trabajosamente del jarrón una mujer desnuda, diminuta, enjabonada. Una 
férula de metal en la base del cuello la ayudaba a sostener la cabeza erguida. 
“Nomás los chicos se dan cuenta de que esto no es un truco. Por eso no los 
dejan entrar”, le dijo la Flor Azteca. Y la convidó con un mate. 
Me parece imposible que mi madre haya sido niña alguna vez.
*     *     *
La flor azteca II
Nada tan simple como reconocer una flor azteca en un sembrado de 
girasoles. El girasol eleva su corola siguiendo al astro rey. A la flor azteca, en 
cambio, el sol de frente le hace mal a los ojos.
*     *     *
Flor azteca III
No te preocupes, parece una cabeza de mujer saliendo del jarrón como 
una flor pero no es, te lo digo yo que trabajo aquí, parecen pétalos sus cabellos, ese cuello que se dobla como un tallo, pero quedate tranquilo, no es una 
flor cortada, de las que viven poco: hay un truco, hay un juego de espejos, yo 
lo he visto, parece jarrón pero es maceta con buena tierra negra, no es solamente una flor sino una planta muy fuerte, muy sana, yo la conozco bien, 
todos los días le riego las raíces, mírenla cómo sonríe, como habla y se menea, 
vivirá más que nosotros, sin duda más que yo, que ya soy viejo.
*     *     *
El pájaro azul
Un hombre persigue al Pájaro de la Felicidad durante meses y años, 
a través de nueve montañas y nueve ríos, venciendo endriagos y tentaciones, 
tolerando llagas y desdichas. Antepone la búsqueda del Pájaro a toda otra 
ambición, necesidad o deseo. El tiempo pasa y pesa sobre sus hombros pero el 
también el Pájaro envejece, sus plumas se decoloran y ralean. 
Lo atrapa en un día frío, desgraciado. El hombre es anciano y está 
hambriento. El pájaro está flaco pero es carne. Le arranca sus plumas todavía 
azules con cuidado, lo espeta en el asador y se lo come. Se siente satisfecho, 
brevemente feliz.
*     *     *
La dieta estricta
La dieta estricta, sumamente estricta. Una naranja a la mañana, una 
gelatina a la tarde, un plato de uvas a la noche. La naranja, frotársela en el 
pelo, untar la gelatina dietética en la planta de los pies, introducirse las uvas 
en la oreja, desmenuzar el plato en trozos pequeños, ingerirlo lentamente para 
que dure más. A partir del tercer día empiezan a crecer las vortlijs en la zona 
del plexo, se recomienda podarlas en cuaresma.
*     *     *
Los esquimales
Un grupo de esquimales juega a la pelota golpeando con paletillas de 
morsa una piel de foca rellena de musgo y arcilla. Todos conocen los ciento 
treinta y dos nombres de la nieve, pero no todos manejan el bate de hueso con 
la misma habilidad, no todos arponean ballenas con lanzas atadas a vejigas de 
caribú bien infladas, no todos pueden arrastrar dos focas muertas al mismo 
tiempo, no todos pueden alzar a un oso por las patas de atrás y revolearlo 
como si fuera una liebre: algunos sólo saben contar historias. Sin embargo, 
como cada año hay dos largos meses sin sol, los cazadores comparten con 
ellos el alimento. No solo de carne y grasa vive el hombre, sobre todo en la 
oscuridad.

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