
De su libro EL JARDIN
¿Más bella o más plena
esta rosa de mayo
última en el bastión
previo a las heladas?
Así me veo
Rojo aduraznado,
cuajada en el aire
como una dama que celebra
el final.
¿El horror es un detallecomo el sonido de un pétalo
que cae?
Ser vulnerables nos enseña
un sueño de mutualidad
Lo que se ha mirado bien quizás
se alza para siempre en la mirada:
imagen recompuesta en
las cenizas donde nunca
nos decimos adiós.
LEYENDA
la bellezza, la rotura impetuosa
con la terra impareggiabile, amore
Salvatore Quasimodo
Mientras se aleja la luna en el cenit de su belleza
mientras la mañana
fría de primavera sin pudor se despliega en
su belleza
Sueño
Dos veces en dos días retorna el ciruelo rojo a mi sueño
Lo he plantado en esta primavera
¿Qué sé de su sentir
en la noche helada donde el viento lo doblega?
Lábil el tronco joven se quiebra
Lo han quebrado
y lloro de rodillas ante el muñón
y la copa desvanecida. Lloro sosteniéndolo en mis manos
donde se vuelve de plata, no de polvo su corteza
Una mujer sin porvenir confiesa
que ha soñado
los niños innumerables. Los animalitos y el reino
vegetal de la tierra como su herencia. Ante una azucarada
copita de menta, la madre, la materia, le otorga los
nombres para nombrar la primavera, Le otorga la ley
que los separa
dándoles existencia. Cuarenta años después lo recuerda
y al segundo día, el sueño segundo se devela:
en lugar de aquél
han de plantar un ciruelo anoso, un árbol de veras
Ella tiembla. Se ha de secar, dice, desconfiando
y despierta. Dispuesta a esperar los años venideros
la paciencia del jardín, el lábil ciruelo
no de encaje en prístina blancura. Rojo y los penachos
rosados de sus flores. Su porvenir. El que le ha tocado.
mientras la mañana
fría de primavera sin pudor se despliega en
su belleza
Sueño
Dos veces en dos días retorna el ciruelo rojo a mi sueño
Lo he plantado en esta primavera
¿Qué sé de su sentir
en la noche helada donde el viento lo doblega?
Lábil el tronco joven se quiebra
Lo han quebrado
y lloro de rodillas ante el muñón
y la copa desvanecida. Lloro sosteniéndolo en mis manos
donde se vuelve de plata, no de polvo su corteza
Una mujer sin porvenir confiesa
que ha soñado
los niños innumerables. Los animalitos y el reino
vegetal de la tierra como su herencia. Ante una azucarada
copita de menta, la madre, la materia, le otorga los
nombres para nombrar la primavera, Le otorga la ley
que los separa
dándoles existencia. Cuarenta años después lo recuerda
y al segundo día, el sueño segundo se devela:
en lugar de aquél
han de plantar un ciruelo anoso, un árbol de veras
Ella tiembla. Se ha de secar, dice, desconfiando
y despierta. Dispuesta a esperar los años venideros
la paciencia del jardín, el lábil ciruelo
no de encaje en prístina blancura. Rojo y los penachos
rosados de sus flores. Su porvenir. El que le ha tocado.

La canción resuena siempreEl destino comúnes aquello que vuelve,a veces es la feo esfilo de la razónquien va adelanteque hiere pero otorgaaridad que aquietaun soberbio estadode cl,controla horror y sueñoda por su propiofilomas su destino es caertocay el desordenque nunca es presa, esde encerraren un vaso el otrampa el orden, su ingenuaintenciónceánoSi se dieran lugarcediendo como la voza la lengua y éstaal misterio aunque alce ladrillitos, casa o nido de intimidad don dtro así debidos lo pequeño y lo infinito La balanza siempre está a la vista, allí,e se entienden, unoa oen la risa de un niño o en el llanto o trino de lo que muere y nace y sobre todo ¡b uano tendida. Intentamos con la ley poner coto, afán desmesurado de ser donde perdemosendía! aquí, en la mnuestro ser por jerarquía Está bien, si inmantada por la fe nos uniera la vara de esta sostenidos por otro nos ponemos de pie, no es la propia boca aquello que queremos, sino la intuiciónleyque separa y ordena,de que lo propio vuelve sólo desde lo ajeno La mañana de invierno acuna, la palabra saciada en el si l antes no pasa por el trueque: ¡lindo el día!, ¿un mate?, hasta la vuelta, siempreenciohabla, pero no si
De su poemario inédito EN LOS ÁLAMOS VEO
http://www.zapatosrojos.com.ar/Biblioteca/Diana%20Bellessi.htm

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